Domingo de Ramos

Primera lectura del profeta Isaías (50,4-7)

El Señor Dios me ha dado una lengua de discípulo;
para saber decir al abatido una palabra de aliento.
Cada mañana me espabila el oído,
para que escuche como los discípulos.
El Señor Dios me abrió el oído;
yo no resistí ni me eché atrás.
Ofrecí la espalda a los que me golpeaban,
las mejillas a los que mesaban mi barba;
no escondí el rostro ante ultrajes y salivazos.
El Señor Dios me ayuda,
por eso no sentía los ultrajes;
por eso endurecí el rostro como pedernal,
sabiendo que no quedaría defraudado.

Segunda lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (2,6-11)

Cristo Jesús, siendo de condición divina,
no retuvo ávidamente el ser igual a Dios;
al contrario, se despojó de sí mismo
tomando la condición de esclavo,
hecho semejante a los hombres.
Y así, reconocido como hombre por su presencia,
se humilló a sí mismo,
hecho obediente hasta la muerte,
y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo exaltó sobre todo
y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre;
de modo que al nombre de Jesús
toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo,
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor,
para gloria de Dios Padre.

Pasión según san Marcos – Mc 14,1-15,57

(pincha aquí para leerla)


Comentario breve

El Domingo de Ramos es un resumen anticipado de los misterios de nuestra salvación que vamos a vivir en la Semana Santa. Comenzamos alabando y vitoreando al Señor al recordar su entrada «triunfal» en Jerusalén (este año no podemos hacerlo con la procesión), pero inmediatamente la palabra de Dios nos introduce en el dolor y la muerte de Aquel que entrega su vida por nosotros.

Que seamos capaces de acoger en nuestro corazón el amor infinito que Dios nos regala. Buena Semana Santa.

Domingo de Ramos