Himno: Te diré mi amor, Rey mío, en la quietud de la tarde,
cuando se cierran los ojos y los corazones se abren.

Te diré mi amor, Rey mío, con una mirada suave,
te lo diré contemplando tu cuerpo que en pajas yace.

Te diré mi amor, Rey mío, adorándote en la carne,
te lo diré con mis besos, quizá con gotas de sangre.

Te diré mi amor, Rey mío, con los hombres y los ángeles,
con el aliento del cielo que espiran los animales.

Te diré mi amor, Rey mío, con el amor de tu Madre,
con los labios de tu Esposa y con la fe de tus mártires.

Te diré mi amor, Rey mío, ¡oh Dios del amor más grande!
¡Bendito en la Trinidad, que has venido a nuestro valle! Amén.

Evangelio: Lectura del santo Evangelio según san Lucas 2, 1-14

Sucedió en aquellos días que salió un decreto del emperador Augusto, ordenando que se empadronase todo el Imperio. Este primer empadronamiento se hizo siendo Cirino gobernador de Siria. Y todos iban a empadronarse, cada cual a su ciudad.
También José, por ser de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, que se llama Belén, en Judea, para empadronarse con su esposa María, que estaba encinta. Y sucedió que, mientras estaban allí, le llegó a ella el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada.

En aquella misma región unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turno su rebaño.
De repente un ángel del Señor se les presentó; la gloria del Señor los envolvió de claridad, y se llenaron de gran temor.
El ángel les dijo:
«No temáis, os anuncio una buena noticia que será de gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales acostado en un pesebre».

De pronto, en torno al ángel, apareció una legión del ejército celestial, que alababa a Dios diciendo:
«Gloria a Dios en el cielo y paz en la tierra a los hombres buena voluntad».

Palabra del Señor.

Querido/a lector/a: En negrita los “personajes” y los acontecimientos detallados por el Evangelio. 

Te invito a hacer el esfuerzo de rezar con este texto, muy despacio, imaginando, “recreando” los momentos.

¡Deja que el Niño te acaricie y te sonría! Verás qué gozada.  ¡SANTA Y FELIZ NAVIDAD!

HA NACIDO EL SALVADOR